Historia de la homeopatía

Historia de la homeopatía

La homeopatía (del griego homoios, semejante y pathos, enfermedad) es la ciencia de curar basada en la ley de los semejantes.

Hahnemann, su fundador, no fue el primero en hablar de esta ley. Ya Hipócrates, el padre de la medicina, en el siglo V a.c. afirmó que había dos méto­dos para tratar las enfermedades: el tratamiento con contrarios, donde un medicamento se utilizaba para oponer o contrarrestar los síntomas y signos de la enfermedad, y el tratamiento con similares, que esti­mulaba la capacidad curativa propia del organismo.

Estos dos enfoques del tratamien­to médico permanecieron activos hasta el siglo II d.c. cuando Galeno inclina toda su terapéutica a la ley de los contrarios y re­lega al olvido el tratamiento con similares. Por eso se puede afirmar que el padre de la medicina oficial o alopática es Galeno.

Sin embargo, este método no fue del todo exitoso. En el si­glo XVI, el médico suizo Paracelso utilizó métodos de tratamiento más ló­gicos y eficaces, y así revivió el concepto del tratamiento con similares, aunque no le dio el desarrollo que le daría Hahnemann 300 años después. A finales del siglo XVIII muchos tratamientos médicos se habían vuelto crueles y bárbaros, y las principales técnicas terapéuticas incluían sangrías, purgas, enemas y complejas mezclas de sustancias tóxicas.

Esta era la situación imperan­te cuando vivió Samuel Hahnemann, médico alemán, na­cido en Meissen, Alemania (1755 -1843). Desde corta edad, dio muestras de su talento. A los 12 años ya enseñaba a sus compañeros de clase la lengua griega por orden de su maestro. Después dominaría los idiomas de italiano, francés, inglés, árabe y latín. A los 20 años inició en Leipzig sus estudios médicos. Posteriormente se trasladó a Viena, y por último se doctoró en Erlangen (Alemania) en el año de 1.779. Ejerció la medicina galénica durante 10 años, en los cuales ganó repu­tación como clínico; pero la observación atenta le hizo comprender que la medicina galénica era insegura, porque carecía de bases firmes y constantes para sus indica­ciones y decidió abandonar la profe­sión a pesar de que era un médico de prestigio. Para afrontar las necesidades de la familia, puesto que ya era casado y te­nía entonces 5 hijos, se dedicó a la traducción de libros.

Realizando la traducción de la materia médica de Cullen (año de 1.790) encontró que este autor explicaba que la quina (corteza de un árbol del Perú) curaba el paludismo, por las propiedades amargas y astringentes. Hahnemann no estuvo de acuerdo con su opinión y decidió experi­mentar la quina en sí mismo, notando que se producían síntomas muy semejantes al paludismo (fiebres periódicas) y repitiendo varias veces la prueba para asegurarse de los resultados, obtuvo la reproducción de los mismos trastornos. De esto dedujo que la quina curaba el paludismo porque produ­cía síntomas semejantes a esta enfermedad, redescubriendo la ley de los semejantes y con ella la homeopatía.

La homeopatía cobró vida, oficial­mente, en 1.796, y en 1.810, en Dresden, se publicó la primera edición de su libro “Organón de la Medicina”, obra que des­cribe los fundamentos terapéuticos de la homeopatía.

Gracias a su gran eficacia en el tratamiento de las epidemias infecciosas que eran el flagelo de la época, la Homeopatía se diseminó con rapidez. Fue tanta su prosperidad, que en el año 1.890, solamen­te en Estados Unidos, había 22 escuelas de medicina homeopática, más de 100 hospitales homeopáticos, más de 60 orfana­tos y asilos para la tercera edad y más de 1000 farmacias homeopáticas, aunque la mayoría de estas instituciones desapare­cieron a comienzos del siglo XX debido a la notable persecución de que fue objeto por parte de la profesión médica ortodoxa, que veía en la Homeopatía una amenaza filosófica, clínica y sobre todo económica.